
Hay ciudades que entran en la historia por su patrimonio, otras por su gastronomía, otras por su industria. Y luego están las que, una noche concreta, quedan marcadas para siempre por la música.
En el verano de 2007, El Ejido, un municipio agrícola del poniente almeriense, vivió uno de esos momentos irrepetibles: The Rolling Stones tocaron allí en directo. Y, durante unas horas, el mundo miró hacia un punto inesperado del mapa.
No fue un gran estadio europeo, ni una capital cultural, ni una ciudad acostumbrada a acoger macroeventos internacionales. Fue El Ejido.
Y precisamente por eso, aquel concierto forma hoy parte de la mitología viva del rock.
El contexto: los Rolling Stones en el siglo XXI
A mediados de los años 2000, The Rolling Stones no eran solo una banda legendaria. Eran la banda. Con más de cuatro décadas de carrera, habían sobrevivido a cambios culturales, modas musicales, crisis internas, excesos, tragedias y renacimientos.
En 2005 publicaron A Bigger Bang, su primer álbum de material inédito en ocho años. Contra todo pronóstico, no fue un disco nostálgico ni complaciente. Era un álbum orgullosamente stone, con blues, rock crudo, letras irónicas y una producción que miraba más al pasado glorioso que a las tendencias del momento.
Para acompañar el lanzamiento, anunciaron el A Bigger Bang Tour, una gira que acabaría convirtiéndose en la más exitosa de la historia hasta ese momento, con más de 500 millones de dólares recaudados y 147 conciertos repartidos por todo el planeta.
Europa sería una de las últimas etapas. Y España, una parada clave.
España en la gira: una elección poco convencional
Los Rolling Stones siempre han tenido una relación especial con España. Desde los años setenta, su música encontró aquí un público fiel, apasionado y transversal. Pero en 2007, la elección de El Ejido sorprendió incluso a los seguidores más veteranos.
No era Madrid.
No era Barcelona.
No era Sevilla.
Era un municipio conocido por su agricultura intensiva, su esfuerzo colectivo, su crecimiento rápido y su identidad trabajadora. Precisamente ese carácter directo, sin artificios, conectaba de forma inesperada con el espíritu más primario del rock and roll.
El Ejido antes del concierto: expectativa y desconcierto
Cuando se anunció oficialmente la fecha, la reacción fue una mezcla de incredulidad, orgullo y nerviosismo. ¿De verdad los Rolling Stones iban a tocar allí?
Durante semanas, El Ejido se transformó. Hoteles completos, carreteras colapsadas, visitantes llegados de toda España —y de otros países—, periodistas culturales, técnicos de sonido, producción internacional, seguridad, logística.
La ciudad se preparaba para algo que iba mucho más allá de un concierto: un acontecimiento histórico.
La noche del concierto: El Ejido bajo los focos del mundo
El día llegó.
El escenario se levantaba imponente. Las pantallas gigantes, la pasarela, la iluminación, la infraestructura técnica… todo estaba al nivel de cualquier capital europea.
Cuando las luces se apagaron y comenzó la introducción visual del Big Bang, el público entendió que estaba viviendo algo irrepetible.
Y entonces apareció Mick Jagger.
Mick Jagger y el arte de conquistar cualquier lugar
A sus más de sesenta años, Mick Jagger seguía siendo un fenómeno escénico. Energía inagotable, movimientos felinos, carisma absoluto. No actuaba para el público: actuaba con el público.
Corrió, bailó, se acercó a las primeras filas, recorrió la pasarela, miró a la gente a los ojos. No había distancia entre estrella y audiencia.
Y fue en uno de esos momentos cuando ocurrió una de las anécdotas más recordadas de la noche.
“Do you like gazpacho?”
Micrófono en mano, Jagger se detuvo, sonrió y lanzó una pregunta inesperada:
— “Do you like gazpacho?”
Durante un segundo hubo sorpresa. Y después, una respuesta unánime, potente, casi instintiva:
— ¡SÍÍÍ!
La reacción de Jagger fue inmediata. Una sonrisa torcida, una ceja levantada, una expresión mezcla de humor y escepticismo. Como diciendo: “Vale… si vosotros lo decís”.
El gesto provocó carcajadas y complicidad. No era burla. Era humanidad.
En ese instante, El Ejido dejó de ser un punto más del tour y se convirtió en un lugar con identidad propia dentro de la historia stone.
“Muchos asistentes recuerdan…”
“Quienes estuvieron allí aún sonríen al contarlo…”
Un setlist a la altura de la historia
El concierto no fue una concesión. Fue un show completo, intenso, poderoso. Clásicos incontestables y temas del nuevo álbum se mezclaron con naturalidad:
- Start Me Up
- Jumpin’ Jack Flash
- Sympathy for the Devil
- Paint It Black
- (I Can’t Get No) Satisfaction
- Rough Justice
- Miss You
- Brown Sugar
Cada canción era recibida como un himno. No había público pasivo. Había una masa viva, consciente de estar participando en algo histórico.
El impacto mediático: El Ejido en los titulares
Al día siguiente, la prensa nacional e internacional habló del concierto. No solo por la banda, sino por el lugar. El nombre de El Ejido apareció en crónicas musicales, reseñas de gira, foros especializados y conversaciones entre fans.
Durante unas horas —y durante muchos años después— El Ejido fue parte del relato global del rock.
Más que un concierto: identidad y memoria
Para quienes estuvieron allí, no fue solo música. Fue pertenencia. Fue orgullo. Fue la sensación de que la cultura no pertenece solo a las grandes capitales.
Para quienes no pudieron asistir, quedó la memoria transmitida, la anécdota repetida, el “yo estuve allí” convertido en relato generacional.
The Rolling Stones y el valor de lo inesperado
Los Stones siempre entendieron algo esencial: el rock no va de escenarios perfectos, sino de energía real. De personas. De lugares con alma.
El Ejido no fue una casualidad. Fue una elección que encajó con la filosofía de una banda que nunca necesitó legitimarse tocando solo en sitios previsibles.
El legado del A Bigger Bang Tour en El Ejido
A Bigger Bang Tour terminó siendo la gira más rentable de la historia hasta ese momento. Pero más allá de cifras, dejó algo más importante: momentos irrepetibles.
Y uno de ellos ocurrió allí.
Cuando la música transforma un lugar
Desde entonces, El Ejido forma parte de una lista muy especial: la de los lugares donde The Rolling Stones dejaron huella real. No una fecha más. No un punto en una agenda. Una historia.
Porque hay noches que no se repiten.
Y hay ciudades que, gracias a la música, entran para siempre en el mapa del mundo.
